No somos los únicos. Los políticos son todos unos hipócritas. Las azafatas, tontas. Los futbolistas, no se merecen lo que ganan. Los banqueros, chupasangres. Y claro, los funcionarios vagos. Los tópicos y prejuicios campan a sus anchas, sea cierto o no lo que hay detrás de ellos.
Y es que las críticas arrecian en tiempos de vacas flacas. Cuando hace unos añitos cualquiera podía encontrar un trabajo bien pagado en la privada, los funcionarios eran tratados simplemente como los tontos o perdedores que elegían la opción más conservadora.Ahora, las opiniones se reparten entre la envidia y la indignación por ser unos "mantenidos" a cargo de los impuestos del contribuyente (ni que los funcionarios no pagaran impuestos). En fin, como decía la Pantoja: dientes, dientes...
Bromas aparte, la realidad del empleo público es bastante diferente a la percepción que existe en el imaginario popular.
Para empezar, funcionarios no son solo los de la ventanilla. Médicos, sanitarios, profesores, policías, barrenderos, fuerzas armadas o bomberos, entre muchos otros, son también empleados públicos.
Existen actualmente en España unos dos millones y medio de empleados públicos para 46 millones de habitantes, es decir uno por cada 18,4 personas. ¿Son muchos? Es otro debate aparte, digamos por ejemplo que son cifras similares a las de Alemania y claramente inferiores a las de Francia. ¿Funcionaríamos mejor con menos personal?

Además, no todos los empleados públicos son funcionarios (son un millon y medio). El resto tienen contratos laborales (como los de cualquier empresa) u otras condiciones contractuales. Si seguimos analizando, sólo el 22% pertenece a la Administración Estatal, el 24% pertenece a la Administración Local, el 50% a las CCAA y el resto a las Universidades. Dentro del personal estatal se incluyen las Fuerzas Armadas, Policía y la Administración de Justicia, por lo que sin ellos apenas quedan 234.000 empleados entre todos los Ministerios.
Claro que hay empleados públicos que no dan golpe, en las empresas privadas también los hay. Pero lejos de ser unos héroes están igual de mal vistos. Si hay alguien que no hace su trabajo, hay otro al que le tocará hacer el doble.
Y sí, es posible "echar" a un funcionario, por no hacerse cargo voluntariamente de las tareas o funciones que tienen encomendadas, y por otras muchas causas (Art. 96 Ley 7/2007). Es verdad que se trata de un proceso lento y complicado. Para un jefe de la Administración puede resultar enormemente cansino y desgastante expedientar a un funcionario, frente a la alternativa cómoda de dejarle "aparcado", pero aún así no deberían permitirse ciertos abusos.
Recordemos que la principal razón de la inamovilidad de los funcionarios es protegerles de los caprichos del político de turno en la ejecución de sus responsabilidades, tal y como ocurría en otros tiempos (y en otros paises, donde los funcionarios cesan con el cambio de Gobierno). Lo que ocurre es que la inestabilidad del empleo privado ha propiciado que éste sea el principal rasgo diferenciador con el empleo público. Pero, ¿qué es preferible, que el empleo público sea también inestable o que el privado se haga más estable?.Luego está el tema de los sueldos. Los grupos inferiores tienen salarios más que justos, rondando los 1.000€ mensuales o incluso inferiores. Aquí saldrá el típico comentario de "total, para lo que hacen...". Bueno, ya me gustaría ver a muchos enfrentarse día tras día con una cola interminable de ciudadanos de mal humor y muchas veces maleducados.
Los grupos superiores no se pueden quejar del sueldo, pero aún así suele ser menor que el de sus homólogos en la privada. Son famosas las fugas a la empresa de abogados del estado y de otros cuerpos de renombre para multiplicar sus ingresos.
Para quien aún considere que ser funcionario es la bicoca, las oposiciones están abiertas a todos. Ahora es cuando sale el tópico de "es que sin enchufe no hay nada que hacer". Doy fe de que no es cierto, al menos en cuanto a la Administración Estatal. Sobre Ayuntamientos y CCAA no tengo conocimiento de primera mano, pero mi experiencia es que con dedicación, paciencia y un mínmo de suerte, quien la sigue la consigue.
Pero claro, opositar cuesta mucho. Mucho esfuerzo, sí, pero también dinero, tiempo, ocio, y hasta salud. No sólo se trata de memorizar. Dependiendo del puesto hay que saber idiomas, resolver casos prácticos, redactar artículos, utilizar ordenadores, pasar pruebas físicas, etc. Hay que esforzarse mucho, durante mucho tiempo, y sin garantías de éxito. ¿Alguien pasaría por todo esto para conseguir un puesto con las condiciones de la privada y el sueldo de la pública?
Por supuesto, hay cosas buenas. La empresa pública ofrece unas estupendas condiciones laborales, que esperemos sigan así y den ejemplo al resto de los empleadores. Como idea, una noticia curiosa: El Estado de Utah instaura la semana laboral de cuatro días entre sus funcionarios.
7 comentarios:
Buen artículo, Emilio. Aunque las cifras siempre son engañosas, a la hora de calcular el ratio de empleados públicos, quizás deberíamos contabilizar también las externalizaciones. En mi Subdirección, por ejemplo, casi la mitad del personal son contratados por asistencia técnica. No se trata de trabajo ocasional sino estructural, pues permanecen años y años. Cuando estaba en Informática pasaba lo mismo. Las tendencias a la privatización (sanidad, educación...) también hacen que parezca que la cifra de empleados que trabajan para las administraciones parezca más baja de lo que realmente es.
Sobre el tema de fondo que tocas, mi sensación, a la vista de la situación en mi entorno, es que los funcionarios ni mucho menos estamos de brazos cruzados. Es verdad que puede haber una parte pequeña que no dan ni golpe, y de los cuales es muy difícil deshacerse, pero el escaqueo también existe en las empresas privadas, y cuanto más grandes, mayor.
Enhorabuena de nuevo por el artículo, agradablemente extenso en esta ocasión.
Hablando recientemente con un amigo (grupo A2 informática), me comentó cómo hay mucha gente rondando la cincuentena que rechaza los ordenadores y siguen trabajando con "sus ficheros".
Y por no hablar de ciertas personas que trabajan cara al público, que no es que trabajen poco o despacio, sino con flagrante negligencia, es decir, incumpliendo leyes o informando mal de éstas.
Yo, futuro funcionario (a ver si no se alarga el proceso de este año), estoy deseando entrar para trabajar, poder tener la seguridad de un contrato indefinido y una jornada que no sea asfixiante, ¿hay mejor estímulo que eso?
Poco a poco creo que se va a ir limpiando la administración, al menos la del estado, el resto (universidades, conozco) es una vergüenza.
Saludos.
M.
Tienes toda la razón en la continua descalificación que sufren los funcionarios, si bien yo conozco el caso de un C.A. y es cierto que haria falta una criba importante de "cargos de libre designación" que no se sabe muy para que están, si para mandar escritos de quejas y reclamaciones sobre supuestos "problemas laborales" a modo de unica actividad laboral o bien como integrantes de un centro ocupacional, que no puede deshacerse de ellos por motivos legales. El tema es complicado, pero tal como vienen los tiempos está claro que la Administración acabará haciendose más transparente y más eficienrte en el uso de sus partidas presupuestarias.
Y que conste que yo soy solo personal laboral temporal! ;-)
Un saludo
Sólo el que haya trabajado en la privada y luego sea funcionario puede ver la diferencia, y ese es mi caso. En el Instituto donde trabajo la vagancia es flagrante, acaban de ponernos un portátil a cada profesor y la mayoría de mis compañeros se lo han dejado a su sobrino para la carrera, porque ellos no lo usan. Luego, si publicamos las cifras de absentismo laboral, sería un escándalo aún más grande.
Hoy en día los funcionarios son currantes muy preparados que han pasado por el filtro de la oposición. Son trabajadores cualificados en continuas oposiciones de su carrera administrativa. Quíen puede decir lo mismo? Quien ha pasado por dos o tres oposiciones trabajando y estudiando a la vez? Dejemonos de fáciles y absurdos tópicos, por dios.
Emilio, ¡genial!. Todo muy claro, clarísimo y muy bien expuesto.
El empleo público es la única alternativa que hoy en día brinda estabilidad laboral además de un abultado sueldo mensual e innumerables beneficios desde el punto de vista social, por este motivo muchos jovenes se inclinan por este tipo de trabajo.
Publicar un comentario en la entrada